Obra negra, Dibujos de carbón sobre papel amate

CUANDO ESTABA ALLÁ.

El título de esta exposición marca una memoria nostálgica, la cual ha sido una constante en la poética de Mónica Dower. La artista borda en torno a ese vacío que nos ha quedado al ser arrancados del alma mater, y que condiciona nuestra relación con el mundo y con los signos del mundo. Entre nosotros y el allá (la condición primigenia) median estos signos, como vehículos que trasladan nuestro pensamiento y nuestra nostalgia al objeto original, que a fin de cuentas, con insalvable distancia de su ser natural, acabamos fabricando.
Ahora bien, la oposición civilización /naturaleza ha sido tradicionalmente abordada por el arte para referirse a esa condición nostálgica. Al incorporarla con la fuerza de su creatividad, Mónica Dower es claramente consciente de la doble condición de sus signos, como representaciones y al mismo tiempo como objetos liberados de su relación original con el mundo; esto es, como formas que contienen su singularidad artística. Mónica nos explica:
Cuando era niña vi una exposición en la cual una mujer dejaba unas mantas extendidas en el suelo, que eran pisadas por unos elefantes. En su trayecto, estos dejaban sus huellas y la exposición consistía, justamente, en mostrar las huellas de sus pisadas. Desde entonces, sorprendida por la magia de este traslado de lo natural a lo cultural (y por la originalidad del suceso) soñaba con jugar con mis huellas, que contienen mi identidad “más real”. Al fijarse mis huellas digitales en mi obra, sustituyen la firma convencional, cultural, que supuestamente me signi-fica. Las huellas son más mías y establecen un contacto personal mucho más auténtico y confiable con el mundo representado y con la obra en sí. Además, las huellas son el vínculo que estrecha mi ser más profundo con la obra; así, ésta no fue sólo un proceso mental.
Instinto y conocimiento. Naturaleza y cultura. Realidad y ficción. Estas polaridades (relativas) abren un campo de complejidad en el que nos sitúa la obra de la artista. La observo: la mujer enlazada al árbol, la mujer cargando al hombre, el árbol de doble ramaje, el hombre atravesado en su sueño por la naturaleza… Metáforas que nos dicen cosas que de otro modo no se podrían decir; que nos restituyen la unidad perdida con la naturaleza, el ideal del idílico retorno. Bellas y exactas metáforas de Mónica Dower: gustosamente nos recuerdan la posibilidad y el placer de construir, de ser naturaleza y cultura, de ser realidad e invención de nosotros mismos.

Luis Rius Caso.
Octubre del 2004

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Serie la espera 2002 240x120cm cu
02I Hombre eco tallas de madera 180x60x40cm 2003

Hombre eco tallas de madera 180x60x40cm 2003

04 Cuando estaba allá, 200x120cm cada uno, carbón sobre papel amate, montados sobre bastidor, 2004

Cuando estaba allá, 200x120cm cada uno, carbón sobre papel amate, montados sobre bastidor, 2004

05 Cuando estaba alla 2004 200x120cm

Cuando estaba alla 2004 200x120cm

005 F Cuando estaba alla 2004 200x120cm

Cuando estaba alla 2004 200x120cm

Intuiciones de Mónica Dower y Beatriz Ezban
Aurora Noreña

La factura expresionista en el trabajo pictórico ha sido una constante no solo desde las vanguardias del siglo XX sino desde mucho tiempo atrás. Aparece constantemente en las posvanguardias de las últimas décadas y son innumerables los artistas que llevan a cabo el proceso intelectual y sensible que acontece entre la mente y la mano con estos resultados.
Dos artistas mexicanas exponen por separado su trabajo reciente, pero con propuestas correlativas en cuanto a su interés por investigaciones de universales en el arte y por su factura expresionista.
Beatriz Ezban…..naturaleza.
Mónica Dower ha realizado un viraje en su producción provocado por sus últimas investigaciones en la instalación y el performance. En la muestra La Espera, presentándose en la Galería Praxis, Mónica despliega una serie de amates de gran formato de figuras humanas masculinas obtenidas frotando carbón sobre el papel, que permiten a los cuerpos condensar su materia y al mismo tiempo transpirarla hacia el espacio circundante en una especie de presencia espiritual lograda a través de su destino material (el carbón).
La síntesis y el hieratismo de sus personajes de perfil (a pesar de las claras diferencias entre ellos) forman parte de una resolución formal que necesariamente nos vincula a planteamientos –de hoy y siempre- más allá de la materialidad humana. Su indagación en las profundidades de la esencia humana busca responder preguntas añejas de la existencia desde una perspectiva contemporánea. Aunque cada pieza es una entidad por separado, el contacto con la instalación le ha permitido a la artista:
Contemplar su trabajo como un conjunto articulado en el espacio y la posibilidad de emigrar hacia posturas más cercanas a los no objetualismos. El plantón de individuos en espera (e incluso el tallado en madera) de Mónica Dower y toda la obra de Beatriz Ezban, se desplazan en un vasto territorio de nociones sin leyes y sin nombres, al que nos acercamos intuitivamente pero reconocemos como certezas. No poseen ni geografía ni tiempo determinados, son universales.
La relación discursiva entre naturaleza y artificio humano en Beatriz Ezban y la transmutación de la materia en espíritu de Mónica Dower, son dos posibilidades pictóricas que conjugan el interés por la factura, y el peso del concepto, producto de la historia de la visualidad.
Aurora Noreña, crítica de arte.
Diciembre 2002.

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